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Navegantes dejaron su huella en el Delta

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-Como cada año, una de las mayores actividades benéficas del rally “Puerto a Puerto” se realiza en el Delta del Orinoco, con donativos y operativos médicos para darle una mano a los más necesitados

Bolsas y bolsas de ropa, juguetes, accesorios y alimentos, formaron parte del gran donativo realizado por los Navegantes del Orinoco en la última actividad benéfica prevista durante la ruta del rally “Puerto a Puerto”, realizada el pasado viernes en Pueblo Blanco en el Delta del Orinoco.

Fue sin duda una de las pernoctas más significativas del rally, debido a la alta carga social que se respiró entre los competidores y acompañantes, incluso algunos que llegaron desde Puerto Ordaz.

Gracias al apoyo de Vigilancia Costera, Capitanía de Puerto, el aporte de empresas como Colgate, entre públicos como la Gobernación del estado Bolívar, y el empeño de los lancheros, el operativo puede calificarse de exitoso.

Entre las personas que hicieron posible la actividad bien vale la pena destacar al Coronel Félix Guillén, al General de Brigada Carmelo Hernández Pérez y al Comandante Simón Soler Delgado.

Desde tempranas horas de la tarde, los pobladores, en su mayoría indígenas, se acomodaron frente a las lanchas, mientras efectivos militares y lancheros organizaban los donativos que serían entregados.

La ropa se clasificó para damas, caballeros y niños. Antes de su entrega, los más pequeños recibieron algunas golosinas y juegos didácticos además de libros de cuentos, gracias al aporte de la Fundación del Niño Bolívar.

Operativo odontológico

Posteriormente, los odontólogos que formaron parte de la travesía procedieron a realizar un completo operativo con extracciones, limpiezas y la repartición de pastas dentales y cepillos dentales.

Adriana Quiaro, Miguel Luongo y José Tovar, fueron los profesionales de la ortodoncia que guiaron un provechoso trabajo de más de cuatro horas atendiendo a los pacientes locales.

Abandonados a su suerte

Estar en el Delta, ser parte de estos operativos, y ver de cerca la realidad de estas comunidades, demuestra el nivel de desidia con el que viven la mayoría de nuestros indígenas.

Ni gobernaciones ni alcaldías dan un vistazo a la realidad de unos poblados en el que sus habitantes no tienen las condiciones mínimas de salubridad, padecen enfermedades y van rumbo a una grave epidemia.

En Pueblo Blanco los niños por ejemplo beben agua directamente del río, gozan de luz eléctrica por pocos momentos debido a fallas en la planta y hay brotes de enfermedades que no han sido tratadas en su momento.

Mientras el dinero se pierde en obras inconclusas o en actividades que no son prioritarias, indígenas y pobladores de los sitios ribereños sufren las calamidades de los que están en el abandono.

 

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